Envejecer antes de Enriquecer: La Apuesta de Latinoamérica con La IA
En Latinoamérica tenemos 10 a 15 años antes de que su población trabajadora decline. La IA es la única estrategia comprobada para mantener la productividad cuando tu fuerza laboral disminuye.
El último “Year in Charts” de McKinsey celebra que 88% de organizaciones globales usa IA. Los titulares hablan de “adopción masiva” y “punto de inflexión”. Pero enterrado en el mismo reporte hay un gráfico más importante: las tres olas demográficas que redefinirán la economía global.
Mientras Estados Unidos y Europa ya viven el declive de su población trabajadora desde hace más de una década, Latinoamérica está en la segunda ola. Nuestro peak demográfico está llegando AHORA. Brasil, Chile, Colombia, Uruguay: todos alcanzaremos nuestro máximo de población en edad de trabajar en los próximos 10-15 años. Después, los números empezarán a caer.
La paradoja es brutal: tenemos la ventana más grande de trabajadores en nuestra historia, el famoso “bono demográfico”, pero también la productividad más baja comparada con economías desarrolladas. Cuando esa ventana se cierre, solo habrá una opción para mantener el crecimiento: aumentar dramáticamente la productividad por trabajador.
La IA no es una herramienta optativa para mejorar márgenes. Es la única ruta comprobada para lograr ese salto de productividad que necesitaremos cuando tengamos menos gente trabajando.
La pregunta que define esta década es simple: ¿Aprovecharemos estos 15 años para prepararnos, o seguiremos el camino de quienes envejecieron antes de enriquecerse?
Las Tres Olas y Dónde Estamos Nosotros
El gráfico de McKinsey muestra tres olas de población en edad de trabajar (15-64 años) alcanzando su peak en diferentes momentos:
Primera ola: Estados Unidos, Europa Occidental y Japón alcanzaron su máximo alrededor de 2010 y ya están en declive. El porcentaje de personas en edad de trabajar pasó de ~70% a proyecciones de ~55% para 2100. Esto explica las crisis de fuerza laboral que enfrentan hoy.
Segunda ola: Latinoamérica, India, Asia emergente y Medio Oriente. Nuestro peak llegará entre 2020 y 2035. Brasil proyecta su máximo entre 2025 y 2054 según Naciones Unidas. Chile, Uruguay, Costa Rica y Colombia ya están en etapa avanzada con tasas de fertilidad en niveles de reemplazo.
Tercera ola: África subsahariana, con un peak proyectado en 2065. Ellos aprenderán de nuestros éxitos o fracasos.
Los datos para LATAM son urgentes. CEPAL publicó en 2025 un dato crítico: durante 2020-2025, la población dependiente (menores de 15 y mayores de 65) crecerá más rápido que la población trabajadora por primera vez. Esto marca el fin del bono demográfico regional.
El FMI confirma con números concretos: el crecimiento de población en edad de trabajar pasará de ~1% anual pre-pandemia a 0.6% en los próximos cinco años. “More importantly, the demographic dividend is fading as the region’s population is aging and the share of the working-age population is peaking”, escribieron Gustavo Adler y Rodrigo Valdés, directores del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, en abril de 2024.
El contraste con Asia es brutal. Los Tigres Asiáticos (Corea del Sur, Taiwán, Singapur) ahorraron más del 30% de su PIB durante su bono demográfico, financiando inversiones masivas en capital físico y humano que les permitieron mantener crecimiento incluso después de entrar en “aging stage”. Nosotros mantenemos una tasa de 15% del PIB.
El Banco Mundial lo resumió con claridad: “Los países necesitan enriquecerse antes de envejecer.” Estamos en esa carrera contra el tiempo.
El Espejo de la Primera Ola
Estados Unidos y Europa llevan más de una década viviendo lo que experimentaremos pronto. El reporte de McKinsey documenta una crisis creciente: se proyecta un déficit global de 10 millones de trabajadores de salud para 2030 (OMS, 2022). Cerrar esta brecha podría eliminar 7% de la carga global de enfermedades y agregar 1.1 trillones de dólares a la economía mundial, según McKinsey Health Institute.
Durante el declive demográfico, Estados Unidos vio caer su productividad en salud, construcción y pequeños negocios. ¿Por qué? No transformaron workflows. Siguieron operando con modelos diseñados para abundancia de mano de obra, solo que con menos manos.
Los Tigres Asiáticos sí lo hicieron bien. Usaron su periodo de máxima población trabajadora para ahorrar agresivamente e invertir en capital. Resultado: crecimiento sostenido a pesar de haber entrado en el “aging stage”.
Latinoamérica está repitiendo los errores de Estados Unidos, no las victorias de Asia.
Hay otra lección en McKinsey que pasa desapercibida. El “Well-being 100”—las 100 empresas con mejores números de bienestar laboral—superó al S&P 500, Nasdaq y Russell 3000 entre 2021-2024. Cuando tu pool de trabajadores se encoge, invertir en quienes tienes no es política “blanda”. Es ventaja competitiva.
Por Qué La IA Es La Única Salida
Latinoamérica arrastra un problema de productividad anterior a la IA. Desde 1980, los ingresos en nuestra región no han convergido con Estados Unidos, en contraste con Asia emergente y Europa del Este que sí convergieron. Factor clave según IMF: crecimiento lento de productividad con difusión limitada de tecnología.
Los números de inversión reflejan el rezago. LATAM produce 6.6% del PIB global pero recibe solo 1.12% de la inversión global en IA (ILIA 2025). Sin embargo, representamos 14% de las visitas globales a soluciones de IA, a pesar de tener solo 11% de usuarios de internet global. Brasil se convirtió en el tercer mercado más grande de ChatGPT en marzo de 2025, con 84% de confianza pública en IA.
La gente está experimentando masivamente. Pero esta adopción popular no se traduce en transformación empresarial. Ahí está el problema central.
El reporte de McKinsey sobre el estado de la IA en 2025 revela la brecha entre uso y valor:
88% de organizaciones usa IA en al menos una función (vs 78% un año antes)
Solo un tercio ha escalado más allá de experimentos o pilotos
Solo 39% reporta algún impacto en EBIT
De ese 39%, la mayoría dice que menos del 5% de su EBIT es atribuible a IA
Los “high performers”—que atribuyen 5% o más de su EBIT a IA—representan aproximadamente 6% de encuestados.
Seis por ciento. De cada 100 empresas que “usan IA”, solo 6 ganan dinero real con ella.
¿Qué hacen diferente esos high performers? McKinsey identificó patrones claros:
Ambición transformacional: Los high performers son más de tres veces más propensos a usar IA para cambio transformacional en sus negocios, no solo mejoras incrementales.
Rediseño de workflows: Son casi tres veces más propensos a reportar que han rediseñado fundamentalmente workflows individuales. No toman procesos viejos y les pegan IA encima. Reimaginan desde cero: si diseñara esto hoy, con IA disponible, ¿cómo lo haría?
Inversión seria: Más de un tercio compromete más del 20% de presupuestos digitales a IA. El resto invierte solo 7%. Esa diferencia de 13 puntos es la línea entre piloto eterno y transformación real.
Liderazgo comprometido: Son tres veces más propensos a tener líderes senior que demuestran ownership de iniciativas de IA, incluyendo usar IA personalmente. Los CEOs que no usan IA no pueden liderar la transformación de IA.
Estas no son diferencias menores. Son abismos de ejecución.
La matemática es simple:
Tenemos 10-15 años con máxima fuerza laboral histórica
Después, esa fuerza declina
Única forma de mantener crecimiento de PIB con menos trabajadores: aumentar output por trabajador
La IA es la tecnología comprobada para multiplicar ese output
El sector de la salud ilustra esto perfectamente. Enfrentamos un déficit de 10 millones de trabajadores para 2030. No podemos entrenar 10 millones de doctores en 5 años. Pero podemos usar la IA para multiplicar la efectividad de quienes tenemos—diagnóstico asistido, triage automatizado, seguimiento de pacientes. Cerrar esa brecha: +1.1 trillones de dólares al PIB global y eliminar 7% de la carga de enfermedades. Eso no es teoría. Es el cálculo económico de lo que la IA hace cuando se implementa para compensar restricciones de fuerza de trabajo.
China ofrece otro ejemplo documentado por McKinsey. Pasó de exportar 0.7 millones de autos en 2019 a 5.5 millones en 2024. Para Q2 2025, EVs representaban casi 50% de exportaciones. No fue magia. Fue manufactura tradicional (que dominaban por décadas) combinada estratégicamente con nueva tecnología. El resultado: salto exponencial en cinco años que los convirtió en el mayor exportador de autos del mundo.
LATAM tiene manufactura fuerte. Tenemos minería. Agricultura. Sectores tradicionales con presencia global y décadas de expertise. La pregunta no es si tenemos los activos base. La pregunta es: ¿Tenemos la visión para combinarlos con IA como China combinó manufactura con EVs?
Qué Debe Pasar (Y Qué Está Pasando)
Las buenas noticias: Chile, Brasil y Uruguay son “pioneers” en ILIA Index 2025. Desplegar IA generativa en 100 ocupaciones comunes podría aumentar el PIB de Chile en 1.2% (3.4 mil millones anuales). Colombia, Ecuador, Costa Rica y República Dominicana son “adopters” con progreso constante.
Las malas noticias son estructurales. La brecha de talento se amplía desde 2022 por fuga de especialistas. La mayoría de países tiene estrategias nacionales de IA pero sin financiamiento ni mecanismos de implementación. Y la informalidad limita la adopción: menos de la mitad de los trabajos en LATAM son altamente impactados por IA (vs EEUU/UK) debido al tamaño del sector informal.
Un estudio del Banco Mundial/ILO de abril 2025 menciona que entre 8-12% de los trabajos en la región podrían ganar productividad con IA generativa, pero hasta 17 millones no podrán aprovechar beneficios por falta de infraestructura digital.
Los high performers de McKinsey muestran el camino: inversión real (20% vs 7% del presupuesto digital), rediseño de workflows desde cero asumiendo IA como parte del sistema, y liderazgo que usa IA personalmente y demuestra compromiso visible.
La CEPAL confirma la urgencia: “Para el periodo 2020-2025, la población dependiente crecerá más que la población en edad de trabajar, lo que indica el fin del bono demográfico regional.”
La Apuesta Existencial
La primera ola—Estados Unidos, Europa, Japón—envejeció con riqueza pero sin preparación suficiente. Por eso enfrentan crisis de salud. Por eso su productividad cayó en sectores críticos.
Nosotros, la segunda ola, vemos sus errores. Y tenemos, por primera vez, una tecnología comprobada que puede multiplicar la productividad cuando la fuerza de trabajo decline.
La pregunta no es “¿usamos IA?” (88% ya lo hace). La pregunta es: “¿Construimos la capacidad para que la IA compense el declive demográfico?”
Si llegamos a 2035-2040 con población trabajadora en declive y la misma productividad por trabajador, el resultado está escrito: envejeceremos sin haber enriquecido. Y eso no tiene vuelta atrás.
Los próximos 10-15 años son los años con más trabajadores que tendremos jamás. Esta ventana demográfica existe para prepararnos para cuando decline. Si no la usamos para implementar la IA a escala real, aumentar productividad dramáticamente, y preparar infraestructura digital, estaremos repitiendo el error que el Banco Mundial identificó: envejecer antes de enriquecer.
La tercera ola—África subsahariana, peak en 2065—nos estará observando. ¿Qué verán? ¿Una región que aprovechó su ventana para dar el salto necesario? ¿O una que desperdició su mejor década mientras el reloj corría?
McKinsey publicó tres datos clave en 2025: adopción de IA (88%), las tres olas demográficas, y el déficit de salud (1.1 trillones de oportunidad). No son cifras aisladas. Son tres piezas del mismo puzzle.
La cuestión demográfica no espera. La pregunta es si Latinoamérica actuará a tiempo.

